Recorte en ciencia argentina: algunos datos

Publicado: 18 diciembre, 2016 en centros de investigación, gente

El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) es el principal organismo de investigación de la Argentina. Es público y con representación en todo el país. Tiene 9236 investigadores de planta con jornada completa, muchos de ellos con dedicación compartida en el sistema universitario, según datos de 2015. No siempre fue así: en 2003 había 3694, en 2007, 5057. Cuenta además con 2553 técnicos de apoyo y, especialmente, con 10092 becarios de doctorado y postdoctorado. Estos números también subieron fuerte en la última década: 2351 becarios en 2003, 5599 en 2007. CONICET se ubicó, según el ranking SCImago de 2014, entre las 80 instituciones científicas más importantes del mundo, en Latinoamérica solo detrás de la Universidade de São Paulo. CONICET no solo formó investigadores jóvenes e integró a investigadores senior, sino que también repatrió, mediante el Programa Raíces, a más de mil trescientos científicos que habían abandonado el país en épocas de crisis o por falta de oportunidades.

En cifras más amplias, la Argentina invierte entre el 0,7 y 0,8% del PBI en Ciencia y Técnica, mucho más que Chile, Colombia o México, aunque aún lejos del país líder en Latinoamérica: Brasil, con el 1,1%. Vale la pena recordar también que la Argentina tiene 101 universidades (la mitad públicas, gratuitas, en todas las provincias del país y de acceso libre) y más de 1,8 millones de estudiantes, casi el 80% en el sistema público (datos oficiales de 2013). Este modelo universitario es uno de los más inclusivos y con mayor cantidad de estudiantes en relación con la población (tasa bruta de educación superior para 2014-15: 54,5%) de la región, y genera una gran masa crítica de profesionales altamente calificados, potenciando el desarrollo educativo y científico.

Para un país donde la mayor parte de la investigación está financiada por el estado, el rol de los 22 mil técnicos y científicos de CONICET, de la inversión pública y del sistema de educación superior es fundamental para el desarrollo nacional. En términos estratégicos, el Plan Argentina Innovadora 2020 del Ministerio de Ciencia (acordado en 2013) apuntaba a elevar para ese año en 5 mil el número de investigadores de planta. Se buscaba así que la Argentina llegara a invertir el 1,6% de su PBI en actividades de investigación y tuviera 5 investigadores y becarios por cada 1000 trabajadores (población económicamente activa). Este número corresponde a los países más desarrollados del mundo: por ejemplo, Alemania, Estados Unidos y Reino Unido tienen 4 investigadores cada mil habitantes, Corea, Canadá y Japón 5, Finlandia 7 (datos de UNESCO para 2010, incluyendo estudiantes de posgrado). Este objetivo perseguía el desarrollo nacional: los países con más inversión en Ciencia y Técnica son aquellos con mayor renta per cápita (aquí con datos de 2013).

Pero con el actual gobierno de derecha que asumió hace un año, el presupuesto para Ciencia y Técnica bajó, según algunas estimaciones, al 0,59% para 2017. Así, se vuelve a cifras inferiores al 2011 y el presidente incumple una más de sus promesas de campaña: duplicar la inversión en el área.

En este contexto, este año se presentaron unos 1526 postulantes a plazas de investigador en CONICET y las comisiones evaluadoras especializadas estimaron que 874 cumplían con los durísimos requisitos para ingresar. Sin embargo, solo se incorporaron 385 (un 60% menos que el año pasado, rompiendo la tendencia de incremento del 10% anual). Así, 489 investigadores altamente calificados, en especial en las Ciencias Sociales y Humanas (197, un 40,3%), recibieron un mail de desvinculación y quedaron en una difícil situación para continuar su carrera académica. La tristeza es ideológica, institucional, estratégica, pero también es individual, subjetiva, para cada caso particular: “No paro de llorar. ¿Mis lágrimas son el cambio que querían? Quince años de estudio para recibir este mail”. Hay además ataques en las redes a investigadores y marchas de protesta en lugares que hasta hace poco eran el símbolo del progreso científico nacional.

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