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¿Debería usarse el inglés como lengua franca en eventos y publicaciones científicas?

 

Federico Navarro, Profesor Asociado, Universidad de O’Higgins (Chile)
navarro@uoh.cl

 

Versión bilingüe en PDF acá.

 

En julio de 2019, luego de que en un congreso internacional de lingüística sistémico-funcional se incluyeran dos conferencias plenarias en español (la lengua principal del país organizador) sin interpretación simultánea, varios investigadores discutieron si el inglés debería ser -o no- la ‘lengua franca’ obligatoria en este tipo de situaciones, con argumentos vinculados a comunicabilidad, inclusión, identidad, tecnología, etc., y ampliación del tema a otros géneros, ámbitos y dinámicas de construcción de conocimiento y de comunicación científica. A continuación, comparto mis ideas al respecto.

1) Cada investigador/a tiene el derecho de elegir la lengua en la que presenta y escribe. Puede que el investigador no tenga familiaridad con el inglés u otras lenguas ‘mainstream’, o que la investigadora elija la lengua más apropiada para la audiencia a la que busca dirigirse, aunque no todos la comprendan o no se corresponda con la lengua considerada ‘franca’. Este derecho no se restringe a conferencias plenarias, sino que se extiende a cualquier otro género científico. No deberían invisibilizarse investigaciones internacionales de calidad solo porque el investigador a cargo no se siente lo suficientemente seguro como para comunicar en inglés. Cabe aclarar que este derecho no puede ser ejercido por todos: la mayor parte de las miles de lenguas existentes con sistemas de escritura no tienen la posibilidad de ser publicadas en revistas indexadas, ni aceptadas en eventos científicos.

2) La elección de la lengua para comunicar ciencia es un posicionamiento político. La lengua que se elige para presentar, publicar o intercambiar ideas no es solo un asunto de dominio lingüístico o eficacia comunicativa: es también un asunto de posicionamiento político e identitario, ya sea implícito o explícito, intencional o no intencional. Presentar en la lengua de tu comunidad, de tu infancia, de tu país o de tu región, cuando esta lengua es poco frecuente en eventos científicos, envía un mensaje. Por supuesto, también se puede elegir una lengua ‘mainstream’ para ofrecer otro mensaje diferente.

3) Los organizadores de congresos tienen el derecho de visibilizar las lenguas que prefieran. En cierto congreso se puede querer fomentar ciertas lenguas, o ciertos posicionamientos políticos, y no otras. Una conferencia plenaria en una lengua local puede excluir a algunos participantes, pero incluir a otros, o plantear la necesidad de llevar a cabo más investigación -y más comunicación científica- en esa lengua. Al decidir a qué congreso ir, los participantes pueden tomar en consideración qué lenguas se aceptan y qué lenguas se promueven. Y por supuesto es muy positivo que en eventos científicos se puedan escuchar otras lenguas y se fomente el aprendizaje de lenguas, epistemologías, historias y culturas diversas.

4) Los organizadores de congresos, así como los investigadores, deberían ser creativos y empáticos para incluir audiencias lo más diversas posibles. A pesar de las complejidades y connotaciones de las lenguas elegidas para la comunicación científica, deberían aprovecharse las múltiples formas disponibles de incluir a todos en los intercambios. ¿Diapositivas en una lengua y presentación en otra? ¿Cambio de código? ¿Interpretación simultánea? (¿y, en países de habla inglesa, interpretación de inglés a otras lenguas periféricas?) ¿Guiones extendidos traducidos? ¿Subtítulos en vivo o interpretación en lengua de señas? ¿Publicación simultánea de artículos en dos o más lenguas? Existen recursos tecnológicos y soluciones creativas, no siempre limitados por la financiación disponible, para asegurar una participación amplia

5) Una lengua franca es también una lengua de dominación. Sería ingenuo pensar que esta discusión es solo un tema logístico o tecnológico. La lengua franca de cierta época histórica (hoy en día, el inglés; antes, el alemán o el latín en occidente) es, al mismo tiempo, una lengua de dominación, explotación, contaminación y colonialismo. Es decir, contar con una lengua científica común no es solo una oportunidad de comunicación internacional de nuevos conocimientos, sino también evidencia de tragedias previas, lo cual explica por qué elegir lenguas alternativas implica un posicionamiento político. Esta dominación ocurre en múltiples niveles: si el inglés resulta una lengua imperialista para un hablante de español, el español resulta a su vez imperialista para un hablante de mapudungún.

6) Una política de lengua franca científica puede desincentivar las traducciones y excluir a quienes no la hablen. Si se presupone que todo investigador (o futuro investigador) maneja cierta lengua franca (como el inglés), entonces no habrá demasiado interés en ofrecer traducciones de las obras clave escritas en esa lengua a otras lenguas periféricas. A esto se suma que, cuando esas traducciones efectivamente existen, nunca se ofrece la misma cantidad de traducciones en sentido inverso: de las lenguas periféricas a la lengua franca.

7) Una política de lengua franca científica puede dar la impresión de que el único conocimiento existente está en inglés. Al leer producciones científicas provenientes de las humanidades y las ciencias sociales de países angloparlantes, no es raro tener la sensación de que la literatura en inglés pretende erigirse como la literatura total. El conocimiento consensuado parecería equivaler al conocimiento elaborado en inglés. Sin embargo, esta posición no da cuenta de las múltiples y diversas tradiciones desarrolladas en otros sitios y otras lenguas. En contraste, si un investigador perteneciente a esas tradiciones periféricas no cita investigaciones en inglés, muy probablemente será criticado, e incluso rechazado en congresos y publicaciones.

8) Una lengua franca científica es la manifestación de una distribución inequitativa de la producción de conocimiento. La discusión por la lengua franca científica no es solo un asunto de dominio lingüístico, comunicación, posicionamiento político, o derechos del investigador. Es también, y sobre todo, una cuestión vinculada a la distribución inequitativa de las posibilidades de participación en los intercambios internacionales. Una investigadora que trabaja en un país desarrollado tendrá la posibilidad de investigar en casi cualquier tema, ya sea general o particular, teórico o aplicado, situado geográficamente o transversal. Por el contrario, una investigadora que trabaja en un país en desarrollo verá muy limitadas sus posibilidades de investigar en las problemáticas de otras regiones. ¿Hay un científico norteamericano interesado por el discurso del peronismo? ¡Fantástico, eso significa que el peronismo se ha vuelto un tema de interés científico internacional! ¿Hay un científico argentino interesado en el discurso de la guerra civil norteamericana o, incluso, en proponer teorías novedosas sobre la guerra en general? Bueno…puede ser, ¿pero por qué mejor no investiga sobre peronismo? Es decir, es esperable y aceptable que un investigador de un país periférico se dedique a un tema o lengua local, como el discurso del peronismo, pero no a producir teoría o a abordar temas de otras regiones.

De forma similar, dos artículos sólidos escritos en inglés surgidos de investigaciones rigurosas, uno proveniente de una universidad recientemente creada en algún lugar del sur, el otro de Oxford, Cambridge o Massachusetts, no tendrán las mismas posibilidades de ser publicados en revistas líderes ni de ser citados por la comunidad experta.

9) Una lengua franca científica nunca es tan franca como parece. La mera existencia de una ‘lengua franca’ puede dar la impresión equivocada de que es igual de fácil de usar para todos. Muchos investigadores simplemente no hablan inglés, o tienen un manejo básico para entender la idea general de un artículo. Es por tanto impreciso considerar que una lengua franca es una opción inclusiva para la comunicación científica. Por cierto, vale la pena aclarar que lenguas como el español o el inglés no son uniformes ni monolíticas, sino que presentan múltiples diferencias regionales, así como diversas tradiciones de uso por parte de hablantes no nativos, y por supuesto variaciones disciplinares dentro de la misma lengua.

 

Should English be used as a compulsory ‘lingua franca’ in scientific venues and publications?

 

Federico Navarro, Associate professor, Universidad de O’Higgins (Chile)
navarro@uoh.cl

 

PDF Bilingual version here.

In July 2019, after an international convention of systemic-functional linguistics included two plenary presentations in Spanish (the main language in the country holding the event) with no simultaneous interpreting into other languages, some scholars discussed whether English should or should not be a compulsory ‘lingua franca’ in such genre, with references to issues of communicability, inclusion, identity, technology, etc., and elaboration to other genres, venues and dynamics in scientific knowledge-making and communication. I would like to share my thoughts on this matter.

1) Choosing your language of presentation is your right. Every researcher has the right to present and exchange ideas in the language of their choosing, either in plenaries or other academic genres. They might not be familiar with English or other ‘mainstream’ languages, or they might go for a language that is usual within their preferred audience, although not understood by everybody or not corresponding to languages considered a ‘lingua franca’. We should not overlook international quality research carried out by principal investigators that simply do not feel confident enough to present in English. This right is not actually for everybody: most of the thousands of existing world languages with written systems do not have the chance of getting published in indexed journals or accepted in scientific venues.

2) Choosing your language of presentation is a political stance. The language you choose to present, publish and interchange ideas is not only a matter of fluency or communication: it is also a matter of political stance and identity, either explicit or implicit, intentional or unintentional. Presenting in the language of your community, your childhood, your country or your region, when such a language is less frequent in scientific venues, makes a point. You can of course choose to present in a mainstream language to take another, different stance.

3) Convention organizers have the right to promote the language of their choosing. Organizing committees might be willing to promote certain languages, or certain political stance, within the conference they are holding. A plenary presentation in a local language might exclude some attendees, but include others, or make the point that we need more research and research exchange in that language. A scholar might consider which languages are accepted and promoted when deciding which conference to attend. From another perspective, it is always a good idea to listen to other languages and encourage members of the community to learn diverse languages, epistemologies, histories and cultures.

4) Convention organizers, and also scholars, should be creative and sensible to include as large an audience as possible. Despite the complexities and implications of the languages used in scientific conventions, we should always take advantage of the many means available to help everybody participate in the conversation. Slides in one language and presentations in another? Code-switching and translanguaging? Simultaneous interpreting? (and in English-speaking countries, why not simultaneous interpreting to other languages?) Translated extended handouts? Live captioning of the speaker or sign interpreting? Simultaneous publication of papers in two or more languages? There are technological and creative ways of promoting a broad participation, not always limited by budget.

5) A ‘lingua franca’ is also a language of domination. This discussion is not just a logistical or technological one. The language we happen to have as a scientific ‘lingua franca’ in a certain time in history (nowadays, English; in the past, German or Latin in the West) is usually, too, a language of domination, exploitation, contamination, and colonialism. That is, having such a common language is not only a potential means for international communication of scientific knowledge, but evidence of previous tragedies (and this explains why choosing alternative languages is a political stance). This domination operates in many levels: English might be an imperialist language to a Spanish speaker, but Spanish is, in term, an imperialist language to a Mapudungun speaker.

6) A scientific ‘lingua franca’ policy may discourage translations and exclude non-native speakers. If we assume that every scholar (or prospective scholar) in a field is familiar with a ‘lingua franca’ (i.e., English), then there will be little interest in promoting translations of key works into other languages. In addition, when translations do take place, they are never properly balanced with translations from other languages into this ‘lingua franca’.

7) A scientific ‘lingua franca’ policy may convey the idea that the only existent knowledge is written in English. When reading Humanities and Social Sciences papers from English-speaking countries, it is not uncommon to have the feeling that English-written literature pretends to equal worldwide literature. Naming what we know seems to be naming what is published in English. Sadly, this position does not acknowledge valuable traditions developed in other sites and languages. Contrastively, if a scholar from these alternative traditions decides not to acknowledge work written in English, they would likely be criticized, or plainly not accepted or published.

8) A scientific ‘lingua franca’ is a manifestation of an unequal distribution of knowledge-making. A ‘lingua franca’ discussion is not only related to a matter of fluency, communication, political stance, or scholars’ rights. It is also a matter of how the chance to participate in international conversations is unequally distributed. A scholar located in a developed country will have the chance to do research on almost any topic, either general or particular, theoretical or applied, geographically situated or across borders, whereas it is very difficult for a scholar located in a developing country to do research on other regions’ issues. Is an American scholar interested in the language of Argentinean Peronism? Great, Peronism has become an international scientific interest! Is an Argentinean scholar interested in the language of American Civil War, or, furthermore, interested in putting forward theoretical ideas on warfare? Yeah… ok, but why don’t you just do research on Peronism? That is, it is expected and acceptable that a social sciences and humanities scholar from the periphery researchers a local topic or language, but not that they elaborate theory or address topics from other regions.

Similarly, two robust article drafts in English resulting from rigorous research, but one located in a recently created university somewhere South, the other located in Oxbridge or Massachusetts, certainly won’t have the same chances of being published in top journals and quoted by the community.

9) A scientific ‘lingua franca’ is never as franca as it seems. The very existence of a ‘lingua franca’ might give the wrong impression that it is equally easy for everybody to use it. Many scholars just don’t speak English, or they manage to read English just good enough to get the gist of a paper. It is then inaccurate to consider that a ‘lingua franca’ is an inclusive option for communication. By the way, languages such as Spanish or English are not uniform, as there are many regional differences as well as different traditions of regional use by non-native speakers, not to mention disciplinary variations within the same language.

En este enlace puede descargarse de forma gratuita “Alfabetización disciplinar en la formación inicial docente. Leer y escribir para aprender”, editado por Romualdo Ibáñez y Cristian González y recién publicado por la PUCV (Chile), con aportes de distintos investigadores chilenos del campo de los estudios de la escritura en educación superior (PDF reproducido con autorización de los editores).

Repositorios científicos públicos

Publicado: 7 junio, 2017 en portales, recursos
Etiquetas:

¿Cómo se financia la investigación científica en Latinoamérica? ¿Dónde se publica y en qué lengua? ¿Quiénes y cómo acceden a esos resultados? ¿Cómo se comunica y transfiere a la sociedad en general y a sus necesidades, incluidos los grupos sociales prioritarios, las instituciones públicas y el mercado interno?

rdiuba

En el marco de estas preguntas urgentes, conviene reforzar la importancia de los repositorios digitales públicos, con resultados de investigación y enseñanza de académicos, sin fines de lucro, de calidad, con facilidad de acceso y usabilidad. Es el caso del RDIUBA: Repositorio Digital Institucional de la Universidad de Buenos Aires (Argentina). Algunos enlaces para explorarlo:

Acceso al repositorio completo.

Acceso a los recursos de Humanidades.

Acceso a revistas científicas UBA (+11 mil artículos de +95 revistas).

Acceso a tesis de posgrado (+5000).

Acceso a multimedia (entrevistas, conferencias, etc.)

 

 

 

El negocio es así. Primero que nada, necesitamos un sistema académico que presione e incentive económicamente a los estudiantes avanzados, profesores e investigadores para que publiquen varios artículos internacionales por año. Idealmente, necesitamos un oligopolio de publicaciones científicas altamente selectivas que no paguen derechos de autor a los científicos, pero que sí cobren elevadas sumas a las instituciones y pares colegas que quieren leerlas. Mejor aún si para ganarse una beca o subsidio que permita investigar y publicar haya que tener, previamente, un gran número de publicaciones. Estas condiciones generaran un buen clima para nuestro emprendimiento, a pesar de ciertas protestas aisladas.

Luego, elegimos un nombre para nuestra revista científica, preferentemente en inglés. En lo posible, pensemos en un nombre que pueda incluir un trabajo sobre tratamientos para cáncer de piel junto a otro sobre el cine postdictadura. Por ejemplo, la podríamos llamar Academic Exchange Quarterly o Research Chronicler. También es posible elegir nombres algo más específicos, pero por ello mismo menos sospechosos, como Journal of Interdisciplinary Histopathology.

Luego, agregamos pseudoindicadores y pseudo bases de indexación, que hagan parecer que nuestra revista cumple con algún tipo de indicador externo válido. Podemos ofrecer indicadores como Global Impact Factor o mostrar que la revista aparece en bases de datos como Scientific world index. Todo suena muy científico.

Además, la revista debe contar con algún tipo de comité científico. En este caso, podemos ofrecer una historia de abuelos migrantes con sólidos principios, como la noble familia Grzeskow, o bien el respaldo de algún académico poco conocido o directamente sin nombre pero que compensa su anonimato con alguna filiación institucional norteamericana.

A continuación, hay que enviar correos de invitación masivos y recurrentes a investigadores jóvenes, presionados para publicar y sin formación respecto de qué revistas existen, qué calidad tienen y de qué manera se indexan. Dentro de lo posible, ese mail debe estar bien escrito en la lengua del destinatario, aunque un “seríamos interesados a publicar su trabajo en total” puede dejarnos al descubierto, como le sucede a la Editorial Académica Española (que en realidad habla alemán).

Al recibir el artículo o tesis, hay que poner en marcha una farsa de evaluación ciega por pares. Por ejemplo, podemos decir que el artículo “necesita actualizar las referencias y ajustarse mejor al formato”, ya que esta afirmación es cierta para la mayoría de los borradores. Otra opción es que el propio autor sugiera los evaluadores, de forma tal de establecer un pacto de silencio y mutua conveniencia, como en esta revista.

Luego de todo esto, les cobramos una buena suma para publicar. El negocio está en marcha.

Puede suceder, sin embargo, que el artículo sea en realidad una completa farsa y quede en evidencia nuestro plan de negocios, como sucedió con el texto que incluye la tabla de más arriba.

Esto podría hacer que la comunidad experta comience a denunciar que nuestro negocio es espurio. En ese caso, podemos realizar amenazas y persecuciones a los denunciantes hasta que borren sus afirmaciones.

Lamentablemente, nuestro negocio hará que se revaloricen bases de indexación anglocéntricas y de propiedad privada, que no toman en cuenta intereses y necesidades locales y regionales ni el bien común, pero que evitan este tipo de timos y fraudes. Para colmo de males, algunos colectivos pueden organizarse para divulgar qué revistas serias existen, como en el caso de dondelopublico.com, o incluso puede haber bases de indexación serias y de consulta libre como SCOPUS o, en Latinoamérica, bases de datos de gestión pública y orientación regional como Latindex, Scielo, Núcleo o Webqualis.

En cualquier caso, siempre quedará por ahí algún desprevenido para que nuestro emprendimiento crezca y se desarrolle.

El Congreso IV Writing Research Across Borders, celebrado en Bogotá, Colombia, en febrero de 2017, fue un hito histórico para los estudios de la lectura y la escritura en Latinoamérica. Aquí publiqué una reseña al respecto (página 82). Ahora se encuentran disponibles las conferencias plenarias online y en español.

Writing Programs Worldwide es una web para que docentes e investigadores compartan y discutan iniciativas de enseñanza de la escritura. Está organizada por países, y además de los textos, incluye fotos de autores y actividades. El punto de partida es el libro “Writing Programs Worldwide: Profiles of Academic Writing in Many Places“.

Pongo a disposición las 1602 referencias sobre discurso escolar, científico y profesional y didáctica de la escritura que he compilado durante estos años a través de EndNote. Es la versión actualizada de la bibliografía que publiqué en mi blog hace unos cuatro años.